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Más allá de tus antojos

Hace unas semanas me dijeron algo que no me gustó, realmente no fue personal, pero en ese momento lo sentí así; la ira se apoderó de mí y lo mejor que encontré para esos momentos fueron unos chocolates en una bolsa… y me los comí todos, sin pensar en nada más que en el sabor del chocolate diluyéndose mi boca y haciéndome sentir mejor. Sí, me hacían sentir mejor, pero momentáneamente, ya que luego vino a mí un sentimiento de culpa por lo que le había dado a mi cuerpo y más ira porque no podía olvidar lo que escuché.

Como ya te habrás dado cuenta, esto no me sirvió de nada, solo aumentó mi frustración.

¿Te ha pasado? Pensemos en esos momentos en los que te sientes así, y no solo con el enojo, sino también con el aburrimiento, la decepción, la tristeza, etc. Y es que nadie nos enseñó a gestionar todas esas emociones por las que atravesamos a diario. 

A partir de esto, me pregunto: ¿cómo la comida llegó a convertirse en un salvavidas para alejarnos de nuestras emociones, para taparlas, para “hacernos sentirnos mejor”?

Lo que nadie nos dice es que todas estas emociones nos quieren decir algo y nosotros no nos detenemos a escucharlas, al contrario, decidimos cubrirlas y olvidarnos de ellas, haciendo de este nuestro camino “fácil”. Sin embargo, no hay nada de fácil en ello ya que realmente lo que estamos generando es una bomba de tiempo que explotará y desencadenará consecuencias más difíciles de sobrellevar. Por eso, al elegir “los chocolates de la bolsa” optamos por ocular con la comida lo que verdaderamente nuestro interior nos está tratando de decir. No nos detenemos a reflexionar por qué nos sentimos así, ni de dónde viene ese sentimiento, y actuamos de manera automática, sin conciencia, lo cual nos lleva a tomar las peores decisiones en lo referente a aquello que nos metemos en la boca.

Luego viene la culpa, que nos avisa que no estamos actuando con congruencia, o el llanto o la desesperación. Todo, por no escucharnos y buscar la respuesta que habita en nuestro interior.

Las emociones son parte esencial de nosotros y si las prestamos atención, serán la guía que nos informa lo que nuestro interior nos quiere decir y hacia dónde busca dirigirnos.  Si la tapamos, nos sentiremos perdidos. Pero ¿qué es lo que debo hacer?, ¿cómo puedo escuchar a mis emociones? El proceso no es fácil porque requiere de práctica y constancia, pero sí se puede lograr y sus resultados serán la mejor recompensa.

¿Quieres aprender a manejar tus emociones? Aquí te dejo unos tips para comenzar este enriquecedor proceso en el que tu mente, tu espíritu, tu interior te dirán aquello que se han guardado por tanto tiempo, debido a tomar el camino “fácil” que cubría el comer por impulso o antojo.

  1. Cuando tengas urgencia por comer algo o sientas el impulso de un antojo, anota en un diario o libreta el por qué quieres utilizar a la comida en ese momento y qué clase de comida se te antoja. Descubrirás razones que estaban escondidas en ti y más de una respuesta que te sorprenderá.
  2. Si sientes ira, dolor o frustración y tu primer pensamiento es buscar en la alacena, haz una pausa y realiza tres respiraciones profundas con el diafragma. Verás como la calma se apodera del momento y te ayuda a pensar de manera clara.
  3. Antes de abrir la puerta de la refrigeradora, detente y opta por la puerta de casa: salir a dar un paseo, caminar sin prisa y respirar tranquilizan el espíritu y despejan la mente, dos ingredientes básicos para escucharte.
  4. Llamar a una amiga o a un familiar puede darte la contención que tanto necesitas en esos momentos y que la comida por impulso jamás podrá brindar.
  5. Frena tus impulsos y toma un vaso de agua. Esto, además de darte alivio te saciará y refrescará.

¿Quieres saber más? ¡Yo quiero saber de ti! Cuéntame cómo aplicaste estos tips y qué otras alternativas has probado.

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